Una bicicleta en el paraíso…

Dedicado a un amante de la bicicleta…

Marcharnos de este mundo, cuando nos llegue la hora, con lo puesto; es un hecho. Hay culturas en las que se entierra al ser querido previendo de aquello que pudiera necesitar en el otro mundo, lo que quizá en esta vida le fue necesario. Por ello le abastecen de sus objetos personales e incluso de víveres, como si su alma, que no su cuerpo, necesitada de alimento, recurriera a ellos para mantenerse en optimas condiciones.
Nadie nos ha contado, desde la otra orilla, que fue recibido con pancartas de bienvenida, y que pudo llevarse con él aquellos efectos materiales de los que no podía desprenderse en tierra, los que adornaron ésa “nada material” con la que todos llegamos. Nadie nos ha anticipado que lo podamos hacer. Nacemos sin nada -salvo con un cuerpo que nos permitirá vivir-, y nos marchamos, adornando ésa nada, con puñados de experiencias buenas, pasables y adversas.
Ni una bicicleta que nos ha llevado entre nubes y montañas, ni una navaja afilada con el filo de la ilusión, ni un cuadro de gran valor, ni una figura que representa el pasado de toda una vida, ni ése anillo con el que comprometimos una alianza matrimonial, serán nuestras sombras cuando nos vayamos al mundo del que nadie sabe y del que suponemos es el Paraíso…Allá nos sobramos y nos bastamos; no tenemos que apoyarnos en falsas apariencias que avalen nuestra valía. Allí no hemos de cubrir nuestras faltas o defectos. Tampoco tendremos que recurrir a una bicicleta para alcanzar valles y montañas que alivien la pesada carga de nuestra alma, porque en ese espacio celestial seremos libres de necesidades, a priori esenciales para vivir con este cuerpo que nos ha sido asignado. No pensaremos en lo que debimos dejar en la tierra y que tanto nos costó encontrar o conseguir (a niveles afectivo y material); más bien será el esfuerzo con el que conseguimos tales “trofeos” el que nos habrá encauzado en el desarrollo personal, quien nos haya situado correctamente en la balanza de la voluntad y de la superación, el que sirva de salvoconducto para ser bien recibidos en el cielo sin carga alguna, con el orgullo del trabajo bien hecho. Será entonces cuando sepamos que nada nos hace falta para vivir en la vida eterna; tan solo nos llevamos lo más valioso: experiencias vitales aprendidas a base de esfuerzo, de confianza, de paciencia y de amor. El resto no nos hará falta para comenzar ésa nueva vida que a todos nos espera.
Aquí el envoltorio material es quien nos permite disfrutar en la mayoría de los casos. Allí, despojados de ese embalaje, disfrutaremos del aura espiritual que desprende nuestro ser.
…Y pasearás con la bicicleta de los recuerdos, esa compañera que te facilitó magníficos e inolvidables momentos; quien dio aire fresco a tu vida y quien te guió por la cuesta de los ánimos. Son esas sensaciones las que nos llevaremos en la mochila de la experiencia. Creo que la bicicleta, mal te pese, la tendrás que dejar…

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

4 comentarios en “Una bicicleta en el paraíso…

  1. Anonymous

    Nada sabemos de ese viaje que a todos nos va a llegar y por el que no tenemos que hacer ninguna reserva, cómo va a ser.
    El ejemplo de la bicicleta me ha parecido precioso y lleno de simbolismo.
    Nuestra maleta terrenal en nada se parece a la que tenemos que llevar en ese nuestro «otro, no se si último» viaje.
    Gracias
    JCG

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  2. Pilo

    Me dio la idea de la bicicleta una persona que sabe de la vida desde la sencillez, desde las cosas simples -aún siendo un gran pensador-, y desde el ¿Por qué NO? a cuanto vemos…
    Él habla maravillas de su bici y de lo que representa para su vida. Son una unidad frente a sus montañas. Es lo mínimo que puedo ofrecerle: un viaje en la bici de la vida.
    Pilo.

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  3. Anonymous

    Yo soy el ciclista, y como dijo «Anónimo», es algo cargado de simbolismo. En parte se refiere a todas esas perlas sacadas de este mundo, de este plano, que uno piensa -con cierta razón- que echará de menos en el otro lado. La visión de Pilo es liberadora, apuntando en la dirección de que la esencia del sentimiento que genera en mí el montar -volar en libertad, integración con la naturaleza, orgía de sensaciones-, será algo que yo me lleve, y que con probabilidad pueda experimentar allá donde me encuentre, sin necesidad de una bici entre mis piernas y, posiblemente, de una manera aún más plena.
    Como dijo aquel, «no es el arco, sino el indio». Y no es la bici, sino yo mismo. Y ni siquiera es mi «yo» de aquí, sino mi «ser» esencial.
    Haberlo gozado con mi cuerpo, haberlo aprendido, es un regalo. Lo mejor es que eso ya es mío, y me acompañará siempre. Sin necesidad de nada más.

    Como siempre, Pilo, refrescas y reconfortas como una brisa de verano. Guapa!

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