Agustín, un gran maestro de vida.


La vida nos da la oportunidad de encontrarnos con situaciones y personas que nos aportan sensaciones intensas y gratificantes en el transcurso de la misma.

Mi caso es un tanto especial, como especial fue conocer al que representara para mí un MAESTRO de enseñanzas; aquellas que solo están escritas en el libro de la vida, aquellas de las que se aprende desde la experiencia y el recogimiento interno, y las que no se reflejan en algún otro libro que encontremos en cualquier librería.

La vida de ésta persona, se apagó un 19 de Mayo de hace 15 años, coincidiendo con el mes de la Virgen María (de quien Agustín era fiel devoto), quien le tendió su mano para que no se sintiera solo en su marcha. Tengo claro que su fe fue quien oyó el ruego de irse de éste mundo con las manos llenas de amor, y quien mejor que Ella para llenarlas de ternura. Él inició su despedida de este mundo, dejando la esencia de su persona en una luz que continúa viva en aquellos que le quisimos, reflejando su generosidad y bondad en el corazón de cuantos tuvimos la suerte de conocerle.

Durante el tiempo que pude charlar con él, como terapeuta suya, me enseñó a valorar intensamente el don tan preciado de vivir. Con su ejemplo en afrontar los problemas diarios, capté el autentico significado de la palabra AMOR, y con mis ojos comprobé, el arraigo, el tesón y la voluntad para que con unas capacidades vitales muy limitadas, se enfrentara a la vida y a lo que él veía como próximo: su muerte.

Con sus ojos hablaba cuando la palabra desapareció de su boca, con sus ojos infundía un amor indescriptible, y con sus manos, ya debilitadas, daba todo aquello que su corazón le guiaba. Sin duda, todo un ejemplo de amor.

Hay un dato que quiero comentar, y es que le gustaba pintar, y entre sus temas preferidos, estaban las pinturas de “manos”. Con las manos sentimos y hacemos sentir sensaciones auténticas a los demás; también pueden representar una vía para acercarnos a quienes están próximos a nosotros con el fín de ofrecer lo que somos capaces de dar, y él, Agustín, a través de “sus manos pictóricas”, expresaba su sentir más profundo, dejando sus huellas dactilares en esos cuadros que a día de hoy nos hablan de la generosidad de sus sentimientos.

Tuve el privilegio de conocerle y aprender de su magnífica enseñanza de vida. El tiempo deja correr la vida, pero no los recuerdos, y después de quince años de su “ida”, le sigo recordando como una gran persona que me dio su confianza sin esperar nada a cambio, tan solo algún masaje terapéutico o una palabra que le sirviera de alivio. Durante el tiempo que estuve con él, me demostró la importancia de aferrarse a la Fe siendo «lo único a lo que uno se puede acercar cuando nos falla todo en la vida». También me acercó a sus miedos en los momentos más espinosos de su enfermedad, no permitiendo que sus espinas le pincharan demasiado, porque conservando todas sus capacidades mentales sabía a lo que se enfrentaba inevitablemente, haciendo ver a todos que: Las personas con ELA necesitan una lógica aplastante de la enfermedad, revestida de optimismo rayando en la mentira...”, según sus palabras.

Recuerdo su afán por luchar contra la terrible enfermedad a la que se vio sometido repentinamente “ La ELA llamó por mi calle y yo la cogí “. Era consciente de que sus limitaciones se sumarían a sus días y a sus noches, pero aún así, no perdió ni un ápice de Fe, y continuó mirando a la cara a su problema, sin agachar la cabeza -salvo en contadas ocasiones cuando sus fuerzas le abandonaban- con valentía, sin darle la espalda y asumiendo poco a poco lo que el destino le tenía preparado.

Defendió la dignidad con la que nos debemos tratar los unos a los otros, y más entre aquellos que padecen alguna enfermedad, la cual no debe resultar impedimento para ser ante todo PERSONAS.

En su situación supo “Exprimir más el zumo de la vida”, tal y como me recordó uno de esos días en los que las palabras expresaban sentimientos intensos.

Reconocía necesitar a su familia para seguir avanzando día a día; tenía el “pilar, el soporte”, en su mujer, alguien excepcional quien acompañó a Agustín, con un amor compartido, sincero y puro, en su caminar por la enfermedad. Ella era “su Angel” –como así él lo refería- sus manos, sus pies y sus “palabras” -cuando éstas dejaron de hablar-, la fuerza que necesitaba cuando la suya se iba debilitando. Su mujer lo era todo para él, y, conociendo a los dos, sé que sus almas permanecen unidas eternamente bajo el vínculo del amor.

El ser tan excepcional del que escribo, se llama AGUSTIN. Se fue con la mochila bien cargada de sabiduría y de amor, y a quienes le quisimos y seguimos recordando, nos dejó su ejemplo de vida, su fuerza y su valentía.

A personas que se encuentren en la misma situación que Agustín, me gustaría decirles que ¡Vivan! cada instante de su vida porque nadie somos dueños de nuestra propia existencia, tan solo estamos de paso, pero que lo que vivamos sea intenso, llevado con dignidad y con amor, como nos enseñó Agustín. Cuando queremos vivir, parece que la vida nos da la espalda y no nos permite vivir como deseamos, pero si seguimos vivos, tendremos que vivir, aunque ella nos lo intente negar. A la vida solo le puede ganar el pulso la muerte, pero hasta que ésta no aparece, nosotros somos los únicos que podemos vencerla.

Que sepamos dar aquello que podamos, aunque nos parezca poco, pues será intensamente válido para quienes nos rodean y para nosotros mismos. Que ayudemos a quien nos necesita, y que miremos fijamente a los ojos de aquellos a quienes la ELA les tiene “encadenados”, porque a través de ellos podremos comprender los duros momentos por lo que pasan, y la lucha diaria a la que se ven sometidos.

Como dijo Agustín: “Con la enfermedad he aprendido que una simple flor se convierte en algo muy grande, pues me permite disfrutar viéndola”.

Ellos necesitan mucho amor, atención y comprensión. Nadie estamos exentos de padecer una ELA en un momento determinado de nuestra vida, o de sufrir cualquier enfermedad que invalide nuestro cuerpo o nuestra mente, disminuyendo nuestra capacidad de vida.

La ELA es una lastra cruel, porque no priva de cabeza, y es por ello que necesitan un salvavidas de pensamientos serenos donde agarrarse fuertemente para no malgastar su mente hundiéndola en una profunda tristeza. En el fondo desean que “Les disfracen la mentira con una chispa de verdad y viceversa” –palabras de Agustín-.. Tienen un miedo atroz ante lo desconocido de la enfermedad, temen que “se nos diga la verdad y es difícil que un enfermo admita el engaño en cuanto a la información que se nos da sobre la enfermedad” (puede ser que ese engaño sea su autodefensa). “Es mejor la información en pequeñas dosis para poder ir asimilándola”, según comentaba Agustín.

Agustín nos dejó su mensaje desde su experiencia enfermedad, y lo que puedo escribir sobre ello es gracias a él, exclusivamente, porque su único propósito era “Dar un pequeño TESTIMONIO, queriendo que se tendiera la mano a éstas grandes personas que dentro de sus silencios se pueden sentir indefensas.

A todos ellos mi respeto, mi comprensión y cariño.

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

Un comentario en “Agustín, un gran maestro de vida.

  1. jose i mari

    Me quedé impresionada, Agustín….¿cuántos como él? Demasiados, el ejemplo de personas como él me hacen pensar que merece la pena seguir ilusionándome y soñando, amando y viviendo…Es maravilloso como logras trasmitir todo lo que él te enseñó…Pensé, claro, en Jose, con una forma parecida de vivir y de amar y cada día estoy más convencida que su ejemplo es el que me hace seguir adelante, sino no serviría de nada su vida. Creo que el mejor homenaje a personas como Agustín es VIVIR plenamente y amar incondicionalmente, sobre todo a las personas que pasan situaciones difíciles…y los que tenemos Fe nos agarramos a ella y salimos con el alma resplandeciente pensando que desde ese Cielo, en el que creo, me sigue amando….UN BESO. Me emocioné….Mari Carmen.

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