FIBROMIALGIA. MÍRATE. MÍRAME.

 

 

FIBROMIALGIA. Mírate. Mírame.

¡Cuánto duele el dolor!

Cuando uno sufre de dolor intenso, agudo y punzante, lógicamente se siente dañado, se enfada, se enrabieta, llora y no gusta en absoluto, más bien asusta.

Es un dolor real, que araña y quema, y no una falsa sensación, como algunas personas, desde su ignorancia, lo describen y creen. Pienso que es mejor callar que dañar cuando no se sabe de lo que se está hablando, cuando se desconoce tal dolor.

 

En épocas de “brote” canalla, eliges refugiarte en tu morada; horas, días, semanas, porque cuando duele todo, el dolor te hace sentir, ¡nada!. Es como si dejases de existir, como si tu cuerpo te abandonara, como si fuera un trapo que solo pudiera absorber dolor, como si agotara tu energía poco a poco.

Te sientes frágil y eres consciente de ello, y prefieres no escuchar a nadie, ni siquiera que te hablen y vocalicen la frase más odiada: “estás mal, ¿tienes muchos dolores?”, y más cuando se trata de un brote excesivamente prolongado. Y lo haces porque necesitas focalizar tus fuerzas en normalizarte, en hacer que la rutina sea necesaria: tu familia, tus amigos, tu trabajo, tus hobbies, recomponer algo tu energía, como si fueras un puzle.

La vida la vives, pero puede llegar a ser un sin vivir si el ánimo cae redondo al suelo. Pero buscas la forma de empujarte para subir peldaños que te ayuden porque sabes que tienes que seguir para no pararte, para que tu mundo siga, igual que el mundo de los tuyos, y haces verdaderos esfuerzos para adaptarte.

¿Por qué duele tanto?, te preguntas una y otra vez. No sabes, es una incógnita, y te respondes…¡si yo no he hecho nada, no he hecho ningún esfuerzo!, para buscar consuelo y pensar que todo va a pasar.

Tienes miedo porque no sabes cuándo se irá el dolor, y hasta cuándo lo aguantarás (a veces las fuerzas flaquean), pero es tu dolor, el que está en tu cuerpo, con el que te tienes que comunicar para asimilarlo día a día. Es la realidad.

Hay que sentirlo, para poder hablar del dolor en sí, para entenderlo.

Hay que escucharlo, para aceptarlo, para asumirlo, para evitar sublevarse. No sirve de nada “odiarle”, porque en esos momentos, el dolor y tú sois uno.

Pero si alguien no lo ha sentido o no lo ha experimentado, que no pierda su tiempo hablando de lo que no sabe. Es lo que quieres. Te puede causar aún más dolor oír a los demás hablar desde la ignorancia, y a veces, la falta de respeto.

No quieres que te miren, porque el dolor se fija en tu mirada.

No quieres hablar, porque el dolor es quien habla por ti.

Evitas a la gente que se acerca, solo añoras una normalidad que no llega.

No entiendes, llegas a no aceptar, y te revelas. Día tras día…

No quieres razones, porque tu razón no se sustenta en el entendimiento, ni tuyo, ni de quien te intenta ayudar, o de quien no lo hace…

Te aíslas, porque fuera hay demasiados ruidos que te hacen doler más.

Duele tanto, que duele todo.

 

Los dolores de las distintas partes del cuerpo (cabeza, mandíbulas, hombros, brazos, manos, espalda, diafragma, piernas, pies, inclusiva uñas), se unen para no ayudar, para desestabilizar, para alterar el ánimo y la base de las emociones. Se produce un caos espontáneo de intermitente duración, de incógnitas que no obtienen respuestas, al menos las que quisiéramos para bajar el dolor.

 

¿Y qué hacer? ¿Alguien lo sabe en realidad? Nadie tiene la panacea al respecto, pero se busca, y no deja de ser bueno encontrarla en cada uno de nosotros, personas que pasamos por algo así y que buscamos esperanza.

Lo que sé es que palabras que nos llegan de los demás (familia, amigos), nos consuelan, se quedan almacenadas para momentos malos.

Gestos de amor, son alivio para el corazón.

Ayudas, por mínimas que creamos, tranquilizan nuestras espaldas.

Sonrisas de frente, suavizan nuestras mandíbulas.

Manos que acarician, templan la piel, una piel que también duele.

Unos pies que caminan a nuestro lado, son el mejor calzado para nuestros pies doloridos.

 

No podemos, ni debemos, sentir que estamos solos, por mucho que el dolor nos invada. Compartir nuestras sensaciones, atenúa el dolor, por mucho que creamos lo contrario, por mucho que nos protejamos dentro de un caparazón.

Tengo un brote. Llevo dos meses a su lado, o, más bien él conmigo. Parece que me ha cogido cariño, algo de lo que no es correspondido por mi, pero asumo lo que toca, pero no me puedo quedar callada, y si hablo, es por quienes estáis pasando lo mismo que paso yo, ese dolor canalla que se cree con el poder de todo, que intenta alterar nuestros días…

Hoy es un día nuevo. Nadie sabe en realidad lo que pasa por su día, lo que nos pasará mañana, y lo que sí que es cierto, es que estamos vivos, con o sin dolores, con una Fibromialgia o sin ella. La mayoría de los seres humanos pasamos por fases de dolores, por una enfermedad pasajera o crónica, por un dolor puntual que nos fastidia, pero eso no nos debe hacer detenernos en nuestras ilusiones, en nuestros sueños y relaciones personales.

Dejaros ayudar, ofreceros a vosotros mismos lo mejor de vosotros, y confiar en que mañana puede salir el sol, aunque llueva, aunque nieve…, siempre hay un rayito de esperanza que nos ayuda. Buscad una mano compañera, unos pies que ayuden a vuestro caminar, un apoyo para descansar cuando el dolor sea demasiado extenuante, y sacad lo que más os gusta de vosotros. Pintad, escuchad música, mirad series de televisión que os apetezca ver, que os hagan no pensar y os animen, elegid un plato rico para comer, mirad fotos de atrás que os animen en vuestro hoy. Cread futuro, y organizad espacios únicos, compartidos o solo para vosotros.

El ser humano es más fuerte de lo que creemos, y tenemos herramientas necesarias para creérnoslo.

El dolor está, estará, y nos dolerá, pero nosotros estamos, estaremos, y viviremos para poderlo hablar. No os calléis, y que os comprendan. Buscad sonrisas, miradas cómplices, buenas conversaciones y moveros, siempre y cuando podáis; no dejaros vencer por lo que nos intenta vencer.

 

Todos mis ánimos, mi cariño y fuerza.

 

Pilo Cruz

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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