¿Cuál es la auténtica mirada de tus ojos?

«No siempre los ojos nos acercan a la mirada verdadera«

Quien carece del don de la vista observa lo que ocurre a su alrededor de manera distinta a quien dispone del favor de la visión.

Sabe ver, sin descuido, lo que sus ojos le vedaron mirar…

Ve con detenimiento, desde el prisma del juicio, con el enfoque de su interior, a través de cientos de sensaciones (y señales) que le llegan del exterior…

Amigo, por un instante te invito a que cubras tus ojos con una «escueta venda«…

 “Otea”, tras ella, cuanto tienes a tu alrededor.

Dispón de tiempo para contemplar lo que eres capaz de “observar” sin la mirada de tus ojos…

¿Ves algo?

¿Intuyes la visión de aquello que los sonidos te acercan?

En este momento es cuando el enfoque de la percepción se adapta a la retina de las sensaciones, de las apreciaciones que llegan a nuestra piel, a nuestros oídos, olfato… y “vemos” que nos acercamos a la vida a través de una «escueta venda»…

Seguro que aprecias intensamente variables como:

-miedo,

incertidumbre,

vértigo,

agobio, por la falta de control absoluto de las distancias…

claustrofobia, al no disponer de visión alguna …

Te percatas, de manera asombrosa, de los ecos que llegan del exterior, los que sin la venda apenas distingues con esa juiciosa nitidez. Hasta los cambios de temperatura, de sonidos, se convierten en mirilla de la venda que cubre tus ojos, la que suple tus ojos y te “deja” ver la vida que hay fuera de ti, “otra vida” distinta a la que hasta hoy “miraste”…

Y comprobamos ”nuevos” (que no desconocidos) elementos sustitutivos de la visión, los que favorence el contacto con la realidad:

palabras,

-sonidos,

-olores,

-ruidos,

-temperaturas varias,

-tacto…

La piel se transforma en receptor de emociones y sensaciones: tocar objetos, sintiendo lo que tu piel acerca al cuerpo, facilitando, así, el entendimiento de las diferentes situaciones vitales por las que atraviesas mientras tu vida se tapa por una “escueta venda”.…

Cualquier sonido que nos llega de “fuera” se convierte en “guía” sustitutiva de ésos ojos que, aún sin poder ver, están percibiendo.

No hay oscuridad, ni luz, ni colores… Hay una mirada interna infinita que explora a través de los ojos de nuestras percepciones sensoriales…

Es hora de reflexionar…

Elimina la “escueta venda” que cubre parte de tu cara, no solo los ojos, y,…mira…

En un principio te percatas de la sensación de “no visión”, es decir, “no ves” como antes de colocarte la venda, y notas que el sencillo acto de enfocar es complicado, porque te molestan la luz y los colores; hay demasiados destellos que te deslumbran, y parpadeas insistentemente para lograr enfocar cuantas imágenes tienes a tu disposición.

Es ahora cuando has de darte tiempo para retomar la normalidad en la visión de tu entorno cercano…Poco a poco lo consigues…Vuelves a disponer del preciado don de la visión, siendo tus ojos son la guía de tu vida.

En realidad, en infinidad de momentos, en tu andanza vital diaria, NO somos conscientes de lo que “miramos”, porque cada movimiento visual está automatizado y no valoramos, por tanto, lo mágico que es VER.

Enfoca más allá de lo que supones que ves, y sentirás otro horizonte…Quizá una visión de lo que se presupone como certera puede resultarnos engañosa, no siendo tal cual perfila el ojo humano (la mirada de tus ojos puede ser enemiga de tus suposiciones, de tus intuiciones y percepciones internas…No solo los ojos son quienes disponen de tu visión...)

Quizá seamos auténticos “ciegos” al creer disfrutar de la vista, únicamente, y en realidad no somos capaces de interpretar las señales que recogen nuestros ojos al fijar la vista en algo concreto (ya sea un objeto o una situación).

 Por último…quiero pensar que la mayor parte de las veces, los enfoques sencillos sustentan la verdadera mirada importante de la vida

No nos detengamos, y sigamos mirando, pues hay mucho que descubrir a través de nuestro «objetivo» vital…

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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