El curioso lenguaje del amor «plumado»





Me apetece compartir con vosotros algo singular, un acontecimiento que sucede día a día y que no quiero pasar por alto. Los sentimientos necesitan libertad para volar, para ser expresados.

De las cosas más simples, las que nos parecen menos llamativas aprendemos, está claro. Creo que la vida se dibuja con colores básicos, y de ellos somos capaces de crear cuadros vitales exclusivos. Es por ello que os voy a contar algo real, hermoso, cotidiano, de lo que somos testigos cada tarde. Podía haberme pasado desapercibido, pero, como amiga de las palabras escritas que soy, dedico parte de mi tiempo a observar la vida con detenimiento, para exprimir cada retazo que se perfila frente a mis ojos con el fin de expresarlo, como ahora lo intento.

Frente a mi ventana hay un árbol, un pino alto y robusto que se viste de juguetonas ramas que se balancean al son de una simple ráfaga de viento. Son ramas pequeñas, frágiles, que parecen no sostener siquiera la melodia de un suspiro. Algunas, sin aguantar el peso de lo que fuera su vida, cayeron en una fría mañana de nieve…Las que aguantaron al peso frio de una nevada, dan vida a piñas aisladas con las que juegan las ardillas. En una de esas ramas, elegida delicadamente como cama nupcial, se sitúan, a eso de las 19 horas, dos palomas. Llegan aisladas, por separado. Primero una de ellas elige la rama y se posa sobre ella (siempre la misma), y al cabo de unos segundos, aparece la otra y busca cobijo en la dura rama. Su único propósito es el de entregarse a la plenitud del amor…

Día tras días representan idéntico ritual amoroso. El cortejo sigue unas pautas estrictas. Acercamiento, arrumacos, tiempo de “despiste”, pausas de espera, y, finalmente, llega la “entrega total”. Es increíble ver cómo ambas expresan “su cariño”, con una ternura desconocida para mi hasta día de hoy. Cumplen con su entrega amatoria lentamente, sin prisas, con esmero, ordenadamente. Comienzan con suaves “piquitos” (nunca mejor dicho), con arrumacos, miradas tiernas, y un amplio abanico de “posturas de seducción”…Todo un arte, sin duda…

Cada tarde, desde hace aproximadamente 2 meses, se repite la misma escena. Pareciera como si nos la dedicasen, como si se deleitaran mostrándonos cómo se puede amar, cómo una simple rama de pino es testigo de un amor así.

Escuché que las palomas son fieles por naturaleza, que mantienen su pareja con una fidelidad exquisita, sabiéndose bien amar…

Y me planteo, de lo que es una escena cotidiana como ésta, que deberíamos aprender de este par de palomas, quienes abren las puertas al amor a eso de las 19 horas. Todo un hermoso espectáculo del que somos testigos únicos mi familia y yo.



Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

2 comentarios en “El curioso lenguaje del amor «plumado»

  1. Anonymous

    Yo fui testigo del cariñoso encuentro De las palomas. Fue algo precioso donde todo era.amor tenemos que tomar ejemplo de ellas pues son fieles hsta la muerte

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  2. Pilo

    Mi querida «anonimo»…Te conozco como si me hubieras «parido»…Tú eres testigo de ése amor, a mi lado, cada tarde, mientras jugamos unas cartas o nos tomamos un café con un trocito de bollo…Tú eres quien me ha enseñado el lenguaje fiel del amor entre palomas, algo que desconocía hasta que me lo contaste…Tú eres amor. Gracias mamá. Eres lo mejor. Te quiero.

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