El espejo

Cuando uno se mira en el espejo, tiene delante de sí la imagen que quiere ver, o lo que no desearía percibir.
Este objeto inanimado cobra vida si nos asomamos a su morada, mientras que si le obviamos, se transforma en elemento frío, silencioso y carente de imágenes, máxime si permanece bajo el manto de la penumbra, sin ningún haz de luz que le otorgue vida.
A veces nos habla, y lo hace bajito, para que nadie más se entere de “cómo despuntó hoy el día, o con qué cara amanecimos.
Tan solo él nos recibe tal y cual somos”.
Es un grandísimo confidente: escucha palabras que a otros no desvelamos, y también recurre a la transmisión directa de imágenes, sin escrúpulos nos muestra cómo somos, sin maquillajes ni máscaras que cubran nuestros fallos, sin encuadrarnos con adornados marcos que falseen la realidad.
Aprecia nuestra desnudez sin tapujos.
«Está», porque nos mantenemos a su alcance, pero al alejarnos de él se despide con un “hasta cuando tú quieras”.
Recurrimos a su compañía si lo necesitamos, o cuando nos topamos con él por pura casualidad…
Es a quien buscamos cuando precisamos de él, o a quien rechazamos si nos resulta molesto en un momento dado.
Es privilegiado por permitírsele husmear entre secretos del bolso, convive con nuestro móvil, agenda, tabaco o pañuelo sin molestar, más bien todo lo contrario, ocupando un espacio elegido a su gusto.
Es observador de nuestros defectos, de nuestras escondidas virtudes, y aunque sabe demasiado, calla.
Quien se mira en él, y no se “encuentra”, es que no es capaz de asumir en qué situación está su propia realidad, y lo que verdaderamente proyecta su imagen.
Es sincero, y suele decir más que una engañosa frase expresada por alguien cercano a nuestro entorno.
Quizá pueda considerarse como el mejor de los amigos, diciendo verdades donde tal vez queramos ver mentiras piadosas, y encima sin reprocharle nada.
En él nos reflejamos externamente, pero no puede captar lo que proyecta nuestro interior, y esa es la exclusiva ventaja que tenemos frente a él: solo muestra la parte externa de la persona, pero no la que únicamente nosotros conocemos, y la que quizá, queramos callar ante su presencia. Sin duda, este objeto es un compendio de virtudes al que siempre recurrimos por simple necesidad.
El espejo más valioso, el que mejor nos puede mostrar verdades, es el que no expone el reflejo que otras personas pueden ver, sino el que solo uno puede encontrar mirándose hace sí mismo.
Admiro a quienes no han de recurrir a un espejo para confirmar lo que su imagen proyecta. Las personas que carecen de visión, o con alguna enfermedad incapacitante, pueden verse sin que un reflejo de su aspecto físico les confirme su aspecto; ellos mismos son su propio y particular espejo en el que mirarse al detalle.
¿Dónde guardáis el espejo en donde proyectaros?
Yo tengo varios. El más nítido, sin duda, es en donde me veo a través de mis hijos y mi marido.
El de la familia y los amigos es fundamental.

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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