El sueño de la vida…

                   

Un día soñé que soñaba con soñar”

 El sueño se esconde escurridizo entre los laberintos del pensamiento.

El sueño fluye de los deseos inalcanzables, de las pesadillas reales, de los deseos ocultos, de los misterios que la mente teje premeditadamente sin contar con el beneplácito de quien es su dueño.

El sueño, cuando quiere hacerse notar, se adueña de nosotros a su antojo, quitándonos el control mental que tenemos sin él.

 

    Soñar es vivir. Vivir es soñar con vivir.

 

Un sueño se convierte en el ansiado alimento de un bebé, en la dulce golosina de un niño, en la bonita chica con quien sueña el adolescente, en el chico a quien su despertar sexual advierte de la despedida de la infancia para romper corazones a ilusionadas jovencitas.

Hay un sueño en los jóvenes estudiantes: comprobar las funciones de su intelecto frente a unos estudios que le situarán en el camino de su fase adulta, en donde verán cumplidos los “sueños” reales que en la infancia soñaron imaginar. Habrá quienes trabajando sueñen con encontrar aquello que un día creyeron como irreal.

 

Existe el sueño de conseguir el amor, de defender la amistad, de mantener la lealtad, de afianzar la seguridad personal.

Soñamos con el sueño de buscar lo que la vida no permite encontrar; el sueño de conseguir lo que se suele anhelar.

Soñar anhelando salud nos puede enfermar. Sentirse sano es un sueño logrado.

 

Hay quienes despiertos sueñan, y quienes soñando esperan despertar de sus pesadillas.

La persona que vive permanentemente soñando es porque la realidad no ha podido despertarle y su mundo está dormido.

 

Hay quienes soñando experimentan felicidad, y quienes despiertos sienten la amarga tristeza.

 

Los hay que soñando reconocen estar viviendo lo auténtico, y tras despertar creen estar soñando…

 

El sueño de la vida es lograr una meta sintiéndonos despiertos para que no se duerma el sagaz intento por conseguirla.

 

Soñar proporciona libertad, la pesadilla puede encarcelar.

Si soñar no cuesta, las pesadillas cuestan caro si se integran en nuestra realidad consciente, teniendo que pagar un precio de  vida costoso por ellas.

 

Hay un sueño que amanece al despertar el sentimiento de la maternidad, el sueño de soñar con un hijo deseado. Soñar con  verle crecer soñando, sin pesadillas que duerman su felicidad. Querer soñar despiertos para verle progresar sin que se adormezcan sus sueños.

 

Cuando los años de la senectud fluyen con la serenidad propia de la edad soñamos con alcanzar “el reino de los sueños”, el lugar donde quien sueña vuela con alas de libertad para encontrar la paz; un mundo en el que entregar el pasaporte de la vida.

 

  “Quise tener un sueño y soñé que soñaba.

   Quise tener un sueño y solo pude soñar”.

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *