La base de la pirámide vital…


Desde la base de los hechos sencillos llegamos a la cúspide de nuestra felicidad, de nuestros éxitos y capacidad de logros.

Mirar hacia arriba, hacia un campo de visión difícil de advertir, sin divisar con nitidez el suelo que pisan nuestros pies, nos generará demasiado vértigo para continuar con aquello en lo que creemos. Sujetarnos, de algún modo, a la estabilidad que crea nuestra confianza, nos enseñará a comenzar la pirámide de la vida por una base vital equilibrada, con la seguridad de quien sabe bien lo que desea alcanzar…

«Nado indefenso entre aguas que mecen mis miedos… Inquietas sombras misteriosas acunan la oscuridad de mis sueños… No sé qué rumbo tomar. No sé siquiera por dónde marchar… Solo es mi identidad quien me permite pensar… Son las ramas de tu amor, que acarician el viento de mis anhelos, quienes me acercan a la morada de tu alma… Espero paciente tu llegada Sé que contigo me siento acompañada… Si estás tú, vivo yo… Si gozas tú, feliz se siente mi amor…»


Para muchos, el amor es la base de la cúspide que llevará al bienestar; compañero indispensable para alcanzar la cima de unos objetivos concretos. Hay quien prefiere hace solo el camino…O quien sin desearlo lo ha de hacer con su propia confianza…

Sea cual fuere la elección de vida que hayas decidido mejor para tí, no dejes de seguir hacia delante, y consigue mirar desde la cúspide de tu piramide hacia abajo, y, cuando adviertas el suelo que te ha ayudado a conseguir el propósito de tus planes, siéntete conforme y bien, inmerso en intensas emociones que velarán tus días…

Pocas veces sabemos en qué dirección estamos, si miramos hacia «arriba», o estamos quietos «abajo»…Estamos vivos, base principal para seguir caminando.

A veces el vértice de nuestra pirámide está mucho más cerca de la base de lo que creemos, y no requiere tanto esfuerzo visualizar ambos lados…

El equilibrio es el foco con el que ver cada situación vivida.


Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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