La cuerda de la vida


Los dos extremos de la cuerda de la vida

La cuerda de la vida nos muestra los dos extremos por donde asirla: el positivo, y el negativo. Pudiera considerarse como la representación de la cuerda en la que se equilibran el Ying y el Yang, el bien o el mal, los dos lados de la moneda, maneras con las que elegir un determinado proceder. Uno de los extremos de ésa cuerda existencial, que bien pudiera resultarnos complicado de agarrar por sus tintadas dificultades, representa el modo en el que sentirnos victoriosos, triunfantes, bajo la alfombra del mundo a nuestros pies, aunque, ¡ojo!, que en ocasiones es el mundo quien nos pisa como presas cazadas de nuestra vanidosa confianza. El otro extremo no es otro que la acción de huir de nuestras posibilidades, con la cabeza entre las piernas, asumiendo una actitud derrotista frente a la adversidad. Siempre hemos escuchado que declinarnos tanto por un extremo como por el otro no es bueno (que optar por uno solo nos dejaría “desequilibrados”) poco aconsejable. Pero lo cierto es que guiados por un mecanismo interno, cuya voluntad desconozco, solemos tomar por bueno un único extremo vital, desechando el otro por descarte, o por la pereza de encontrar una elección “medianamente” pasable, que se ajusta a nuestras circunstancias. Así, desgraciadamente (o no, para muchos), es como somos o nos comportamos ante frecuentes estados cotidianos.

Hace unos meses, alguien a quien considero un fantástico profesional, alguien con la cabeza bien situada sobre los hombros y ecuánime frente a la adversidad, una persona que mantiene los ojos abiertos, inquieto y sin ánimo de escabullirse por algún remoto lugar de su mente, y una vez escoltado por la sombra de la crisis – silueta a la que casi todos hemos visto la cara-, entró en un proceso donde su falta de confianza le rondaba, con la consecuente reducción a mínimos de sus recursos profesionales. Abarató sus “posibles” y dejó de optimizar sus acciones. No sabía que en su despliegue profesional estaba agarrando el extremo negativo de su cuerda vital, sin poder desprenderse del calzado que impedía a su creatividad rendir correctamente. Sin darse cuenta, estaba tomando el extremo de la vida por el que poder caer, con el que tropezarse y toparse con una perfilada sombra de derrota. No había un término medio que le convenciera lo suficiente como para ceñirse a él. Y así, sin que su conciencia reconociera su actitud, aniquilaba su optimismo con un gotero de “miedo” apenas visible, dejando entrever, con el mentiroso beneplácito de la inseguridad, un pesimismo que tan solo se convertía en trampa para sus problemas.

Pero una vez posicionado frente a la imagen que no le gustaba ver de sí mismo, y con manifiestas ganas de seguir vistiendo su traje de triunfador, se colocó al lado del otro “extremo”, el que exigía fuerza a cambio de gratificaciones y confianza, y comenzó a ver que su interior necesitaba de su fuerza, de su optimismo y seguridad, y emprendió de nuevo el buen camino, aquél creado por y para él, con el que andar seguro llegando a una meta de satisfacciones personales. Una vez que su cuerda vital le situó en el lugar adecuado, justo en medio del equilibrio, ni en un extremo ni en el otro, admitió creer en sus “posibles”, sin permitir que la presión con la que ataca la crisis aplacara su fuerza y su reconocimiento profesional.

Nunca es tarde para agarrarse con fuerza del extremo que tanto miedo nos da, pero que tantos problemas nos resta. Con la mente en positivo somos capaces de aniquilar las sombras negativas que solo nos producen miedos, y si conseguimos mantener cierto equilibrio, situándonos en el término medio de nuestras elecciones, nos acomodaremos a una vida más tranquila, sosegada, dispuesta para conseguir metas que quizá vemos inalcanzables y que son más fáciles de lograr. La confianza en uno mismo es un escondite que cuando es descubierto resulta imprescindible en nuestra evolución personal.

No tiremos de la cuerda vital, y dejémosla suelta para que la elasticidad de los problemas no nos ahogue demasiado.

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

2 comentarios en “La cuerda de la vida

  1. Pilo

    Dedicado a todos los luchadores de la vida que no se ahogan por el nudo de los problemas y que saben encontrar su equilibrio en su fuerza vital. Un abrazo.

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