La figura de un padre durante la adolescencia y juventud de un hijo….


Un padre, siempre es padre, pese a que en momentos transitorios, como en las lógicas etapas del desarrollo (frecuentemente en la juventud), no compartan ciertos comportamientos, ni costumbres ni habilidades de los hijos…Pese a que una más que posible falta de comunicación (disminuye de manera natural) sea un lastre delicado de allanar, o la solemne falta de sueño, causada por quebraderos de cabeza como son las amistades y “compañías” de los hijos, sus calificaciones escolares o universitarias, sus trabajos (muchos de ellos “eventuales”, para sacarse un dinerillo), sus evoluciones personales, dificulte la deseada tranquilidad…Pese a existir docenas de problemas, ávidos en enfoques cuidadamente constructivos.

Los “acuerdos” (se abren etapas de “negociaciones”) se convierten en una vía de soluciones a corto-medio plazo.

Se es padre, pese a quien le pese…

Una de las habilidades aprendidas en el día a día, es crear estabilidad en los pensamientos dispersos de los hijos, estableciendo equilibrio en unas cabecitas que se están formando con la base de la educación del hogar y las vivencias que experimentan cuando salen “al mundo de la calle”, quien les permite vivir en él sin reglas y con libertad…Se controla lo que hay dentro de casa, pero no lo que viven fuera de ella.

En ocasiones el padre ha de convertirse en una soslayada sombra que pareciera “no estar”, pero “está”, de forma permanente, ejerciendo el rol de “moderador” de problemas caseros, siendo un activo “espectador” que ha de observar situaciones complicadas, y quien necesita hacerse “amigo” del “guionista vital” para saber cómo serán los “embistes” venideros…Observa, escucha, y pausadamente, modera. Es padre…

Los padres compaginan lecciones de amor y educación con trabajo y sacrificio. Algunos no saben cómo encomiarse al rol paterno filial. Los hay que “estando”, parecieran “no estar”. Son siluetas difíciles de apreciar. Hay padres…!y padres! Los hay que son “PADRES”, los que ejercen tal y como el nombre indica, sin pregones ni bombos, con la confianza y el respeto. Hay padres pasajeros y padres perennes. Existen los padres “coleguitas”: quizá la sombra “adolescente”, guardada en la recamara de los recuerdos de juventud, les refresca actitudes ya olvidadas que alegran un determinado momento… Hay padres protectores, quizá en exceso,… o quienes prefieren “no saber demasiado” y obvian responsabilidades. Padres a quienes les negaron ser padres después de una cruel separación (siguen siendo padres).

Para los padres (incluyendo madres) nos es gratificante ver cuando los hijos “hacen y deshacen” por sí solos, con criterio propio, con la autonomía de quien está aprendiendo a vivir, a enfrentarse a los cánones que la sociedad dicta, los que les es difícil seguir al pie de la letra. Se nos cae literalmente la baba con sus logros, cuando sacan a flote una autoestima poco madura, inestable, que se forma con la serena batuta de la educación. Sentimos dicha frente a su felicidad y nos destruimos al verse dañado algún rescoldo de su personalidad…Duele demasiado el daño que hacen a un hijo.

Se llora a su lado, se ríe junto a ellos, desde el mismo momento de su nacimiento, y se sigue haciendo, sin tapujos, cuando van creciendo y se ven atisbos de fragilidad, o por el contrario, de logros vitales.

A cierta edad, se pretende que los patrones de actuación de un hijo se adapten a nuestra voluntad. No queremos ver aquello que ellos sienten como “algo normal”, natural, algo que chirría en nuestra retina y malgasta el tiempo de escucha…Modales, costumbres, educación, falta de tiempo, palabras malsonantes, momentos efervescentes incontrolables. Disimetrías emocionales que van estabilizándose a medida que crecen, en estatura, y en madurez…Diferentes visiones en el ángulo del respeto, del cariño, del afecto…Hábitos inusuales a los que los padres “nos tenemos que acostumbrar” mientras sean evidentes…Secretos guardados entre cajones de sus silencios, de sus recelos, de sus “culpas” e inocentes pasos…

Y, cuando ya tienen cierta edad, la tarde solo existe para dormir, como preámbulo de la noche, en donde sus vidas se activan como máquinas devora-noches…

Un pantalón, que en vez de en la cintura, se ajusta por debajo de donde la espalda pierde su nombre….Unos adornos metálicos en orejas, narices, pómulos y barbilla son buenos acompañantes de su look personal…Tatuajes con nombres que ni se entienden, y mangas cortas en duras mañanas de invierno…Y vuelven los catarros, como cuando eran pequeños…Son nuestros hijos…

Inevitables botellones que revuelven ideas y producen inestabilidad…El primer cigarro, o algún que otro “tabaco” poco aconsejable…Los primeros viajes en el coche con el carnet de conducir en su posesión (son comunes los rezos continuos a San Cristóbal, el protector de los conductores)

Faldas con pocos metros de tela, maquillajes prematuros, sombreros y gorros que ocultan debilidades e inseguridad…

Todos los padres hemos tenido que pasar, aunque no fuera nuestra voluntad, por alguna de estas fases…y aún así nos mantenemos vivos. Por unos hijos, se hace TODO. Son nuestros hijos, nuestra camada, a quienes siempre protegeremos, y quienes en definitiva nos regalan vida.

Ellos han aprendido de nosotros, y también nosotros aprendemos de ellos.

(Dedicado a Julio. Un gran padre)

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

6 comentarios en “La figura de un padre durante la adolescencia y juventud de un hijo….

  1. carmen santano

    Que bien expresado Pilo..como siempre, eres una artista de la pluma!!!…
    Qué complicado es ser padre, todos queremos lo mejor para nuestros hijos y que dificil es en ocasiones que sigan lo que a nosotros nos parece lo ideal…
    Un beso.

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