La penumbra de una lágrima

Un buen amigo -“fiero» escritor y manso ser humano-, por el que profeso sincero cariño y respeto, y a quien la vida decidió traicionar con la cruel máscara del engaño por la que trampea la muerte, susurró al oído de su corazón, en una sonora melancolía que escuchara su pena, que cuando uno está solo se llora mejor. Comprendo cual lejanía de todo sonido externo a tu interior necesita ese llanto.
Desde el silencio, en donde el eco acompaña la sombra de doloridas lágrimas, el llanto se siente más próximo a un retiro afligido que quisiera ser causa de ansiada paz, de un necesario instante para recobrar lo existido o abrazar lo querido. Y desde ese espacio reservado a la íntima evocación de lo pasado -en donde la silueta del recuerdo perfila doblados renglones de felicidad-, se muestran lágrimas solitarias que acompañan a una memoria que niega olvidar soplos de vida que el alma hospeda en la antesala de la eternidad.
Hay lágrimas que se asoman para acercarse a la vida.
Hay otras que se deslizan llorando lo que la muerte arrebató.

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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