La soledad…

 

    “Dulce compañera en mi  largo caminar.

    Naciendo conmigo me acompañó hasta el final”

 

          Momentos buscados, momentos ansiados de una esperada y breve soledad, instantes para pensar, para sentir y para soñar.

       Soledad amiga y compañera; soledad enemiga que limita, y paraliza, soledad que enferma el alma y llora la pena.              

      Amiga prudente que oye mis silencios cuando callo, lloro o río.

      Escondida en palabras mudas encuentro su compañía, y si la deseo, a su lado siento lejanía.                    

     Añorando libertad despliego alas para volar con soledad; vuelo sin prisas, vuelo sereno, vuelo pausado de lento recorrido.

   Acompañado de mi pensamiento o rodeado de gente permanezco ausente….

    Anhelo instantes solitarios para escuchar el silencio de mi voz interior, quien me invita a reflexionar  y a encontrar paz.

Necesito soledad buscada y esperada; la quiero porque soy libre para elegirla, aceptarla y asumirla.

   Acude a mí, veloz, si en breve la llamo; cuando no la añoro, inicia un camino de regreso callado.

     Me envuelve, con aterciopeladas caricias, la soledad cómplice de silencios y secretos compartidos.

                                     —–

   Soledad luminosa: elegida.

  Oscura Soledad: no deseada

                                      —–

Ladrona de sueños de un mundo olvidado.

Cortina de humo que se esfuma frente a la buena compañía.

Soledad que ahuyenta mis ilusiones si la tristeza la empaña.

Dueña de mis ausencias, carcelera de mis penas.

Mimo de mis expresiones cuando no quiero hablar.

Cazadora de la fiera que explota mi vida de envolvente gozo.

Soledad que nace en la penumbra del amargor y muere con la dulzura de la felicidad.

Bastón que sustenta mis pasos debilitados.

      En ocasiones, emergiendo de su halo envolvente, ahoga un espeso vacío que aleja del sonido que da vida a la vida  con un interminable caudal que recorre el turbulento mar del sentir.

     La soledad puede convertirse en un ardiente fuego del que se anhela su calor; pero pudiera ocurrir que, frente a sus brasas llameantes se produzca una dolorosa quemazón que nos provoque prescindir de su fuerza por miedo a sufrir cicatrices que no se curen.

  “La llama del fuego quema.

  La compañía de la soledad abrasa”

………

    Es necesario delimitar el espacio vital cuando la angustia invade momentos de melancolía; se adueñan sensaciones que acotan y persiguen sin recelo nuestra espectral alegría.

    La soledad, encarándose a nosotros, utilizará su poder para situarse sutilmente frente a la puerta de la esperanza, llamando a ella sin piedad; una vez derribada, se adueña del sentir y aprisiona el alma sin compasión, sin entender de problemas ni plegarias. Es entonces cuando quiere dañar, cuando duele demasiado, y cuando ganando a la vida, mata.

     ¡Ay Soledad,  por qué estando a tu lado me siento tan solo!

  Te busqué, te quise y anhelé posándote sobre mi sombra como dueña de mi vida cuando el que el silencio me hizo presa de ti.

……

    Cuando llega la noche y bajo la tenue luz olvidamos lo que fue el día.

         “Soledad, durmiente compañera que vigilas el sueño y decides marcharte con la luz del amanecer.

Pesadillas del que no quiere hablar y solo puede soñar”

       Hay quien rechaza una soledad prolongada, o una soledad que encarcela que limita y acota la libertad.

     No hay por qué elegir una soledad que oscurezca la luz y tamice las ilusiones, una soledad que merma la felicidad y engrandece la tristeza.

         Es agradable la libertad de sentirse solo con nuestro libre pensamiento “Soy el fiel compañero de mí mismo”

 

        “Soledad amiga o enemiga.

        ¿Cuál de las dos elige la melancolía?”

         Soledad serena y tranquila, cómplice de placenteros y solitarios paseos, de rumbos rebosantes de paz.

 

               “Acomoda sus formas con dulce suavidad.

                Estando junto a ella siento tranquilidad”

 

        Hay una Soledad que nos deleita con momentos reflexivos y relajados donde tomar conciencia con uno mismo; es la Soledad de paisajes hermosos, de envolventes y angelicales melodías, de visiones gratificantes donde el ilimitado tiempo permite observar los detalles de una armónica sintonía de vida.

      No hay prisas, se desvanecen los minutos y los segundos para aplicar tiempo a nuestro deleite en soledad; el reloj activa el motor del baile de las manecillas de los sentidos para estar solos con nuestro sentir. El mundo se transforma en el mejor Arco Iris de colores, se disfruta de las suaves pinceladas de tonalidades que ofrecen las flores, de la fuerza que transmiten los árboles, y de la plenitud que otorga la grandeza del cielo.

     En ese estado de placidez, percibimos las nubes como suaves y deliciosos algodones que bajan del cielo para endulzarnos, y que con sus cálidas formas se acercan para mirarnos.

 

       “Sueños añorados de momentos de soledad.

        ¿Podréis brindarme instantes de paz?”

     Las estaciones del año, dependiendo del estado anímico en el que nos encontremos, son almacenajes de emociones.

 

           “Soledad del Otoño.

           Tristeza que aflora de la nada.

           Tardes solitarias.

           Fuego apagado.

           Fuego sin llama.

 

           Calles frías y vacías.

           Sentimientos combinados,

           de penas y alegrías.

           El sol se esconde ante nosotros

           para acabar así el día.

 

          Desgana y apatía.

          Sentimientos de soledad,

          y ganas de llorar”

 

         Tardes de Otoño, frías, lluviosas y grises que adornan con encantos ocultos, la gran ciudad. Hojas caídas, hojas marchitas, paraguas y gabardinas; sentimientos de una amarga soledad.

      Nostalgia de tiempos pasados, recordadas canciones y amores perdidos.

                                          ………

 

    Soledad ante el viaje sin retorno, el viaje de la despedida, el de la ida…

                            

    “Soledad que busca mi alma cuando es hora de  marchar.

      Aquella que vino conmigo cuando decidí llegar.

      Cara a cara con el final de mi autentica soledad”

     ……….

                                                                                

       Sentimientos vacíos de niños que no pueden soñar. Pequeño infante que ante la llegada de un hermano sufre el abandono de su principado; principito destronado de su asiento real. Un pequeño y mudo “extraño”, surgido de la nada, echó al “rey de la casa” ocupando su real trono.

“Antes era alguien; ahora no soy nada” 

 

        “Juegos solitarios,

              juegos callados,

             apatía en el cuarto,

             pataletas y rabietas,

             lloros y ricas galletas”

 

La madre es necesariamente compartida con un “intruso” que no cesa en el empeño de llevar la contraria, llorando para comer mientras que el otro llora por no quererlo  hacer.

—–

      Opción elegida por el adolescente que, buscando un digno lugar en la sociedad, se le induce a la soledad.

Señales de incomprensión y falta de entendimiento, carencia de comunicación, ausencia de palabras, monólogos interminables… “Amiga mía, mi soledad, ¿para qué hablar si solo tú me oyes? Eres tú quien entiendes mi silencio y sabes callar. Óyeme y te brindaré mi sentir, mis penas y mis amores, mis alegrías y decepciones”

—–

 

      Soledad acompañada de la madre tras nacer un hijo esperado, un hijo deseado.

 “¿Por qué estoy sola si tengo el mayor tesoro que pudiera soñar jamás? Me invade una tristeza que anida en mi mente  escapando con el  rápido viaje de una amarga lágrima. Me angustia el desamparo después de permanecer acompañado de un ser que  inundaba de felicidad mis días.

   Siento una desazón que duele, un vacío que llena cada una de las estancias de mi ser, noto la tristeza porque aún teniéndolo entre mis brazos no percibo sus vitales “pataditas” en mi interior; estoy sola porque ya es un ser individual y no necesita de la fuerza de mi vida para seguir viviendo. Fui para él; ahora él es para mí”

                                        —–                                  

      Soledad de quien ama en la distancia y que jamás se aproxima al amor de su amado; Soledad de un amor solitario acompañando a la desilusión. Soledad de quien aún queriendo amar, no le aman, de quien espera amar al quien jamás amará. Soledad del silencio callado.

 

 

  “Él se fue,

   me dejó.

  Cerró la puerta del amor,

  con la llave del olvido.

 Se marchó,

 sin decirme adiós,

… y se alejó de mi amor”

                       

                              “Yo la amo.

                               Ella no.

                              La quiero,

                              pero me distancia su amor.

                              Fui dueño de su alma,  

                              con empeño y perseverancia.

                             Y ahora que no la amo,

                             he podido sentir mi calma”       

                                                —-

 

Soledad de una casa vacía, de recuerdos acumulados de vidas compartidas. Estancias vacías meritorias de paredes de vida. El vuelo alto que despliegan los hijos por alcanzar sus sueños; la puesta en marcha de toda una enseñanza de vida desde que nacen hasta que ya son mayores.

 

                  “Hoy mi hijo se ha marchado.

                     Buscando un hogar, sola me ha dejado.

                    Yo le di la vida y él se la ha llevado”

                                          —-

                               

       Soledad del anciano que de tanto sufrir ha secado su llanto con indicadores de dolores que sienten sus huesos, sus articulaciones, del dolor del que habla su corazón zaherido por los años. Si no habla es porque no escucha, si calla es que siente y prefiere enmudecer porque su vida quien comunica la soledad de lo vivido y añorado. La soledad se convierte en rechazado crepúsculo, no la quiere para sí, y sin ser elegida, en la mayoría de los casos, es asumida en su interior o dirigida por elementos que le llegan del exterior. No se desea estar solo en el último trazado de su vida; quiere estar arropado por la buena compañía de personas que tracen sus días de cálida y serena alegría.

                                      ———–

     Escribir sobre la Soledad es trazar, sobre una hoja de papel, la silueta de bailarinas palabras que danzan con la emoción del sentir.

     Hablar sobre la Soledad es acompañarme de recuerdos que solitarios buscan el camino donde encontrarse.

   Está solo quien puede, quien quiere, quien lo necesita, quien lo siente, o a quien le viene impuesto por determinadas circunstancias…

    Solo está el que desconoce estar acompañado de sí mismo; el que busca y no encuentra; el que quiere y no puede; el que amando encuentra desamor. Solo está el que no sabe amar y quien no sabe dar. La generosidad se acompaña de amor, la mejor de las compañías, el antídoto del aislamiento. “Amo porque he elegido amar. Si no amase elegiría la soledad”.

   La soledad es un estado transitorio o, por el contrario, una cruel mueca del destino.

  Es un pasajero sin maletas que puede apearse en la estación que más le interese. Su único ropaje es la desolación o la calma, el amor o la malquerencia, el deseo o el rechazo. Sus pies, el recorrido que elige para vivir, ya sea la dicha o la tristeza, y su corazón, el latido que sea capaz de albergarla.

         Una mano amiga nos alejará de un recorrido en soledad…

    Pilar Cruz González

     (Terapeuta Ocupacional)

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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