Un «Mundo Mágico»

EL MUNDO DE  LA DISCAPACIDAD. UN  MUNDO MAGICO.  

 

 

Desde el momento en el que nacemos venimos a un mundo en el que debemos cumplir con un proceso de vida; nuestro aterrizaje no es gratuito, tiene una agenda de deberes y compromisos con nosotros mismos y con la sociedad que nos acoge. Iniciamos así un prolongado, o corto, recorrido existencial, un viaje por el mundo de las emociones que nos marcará el camino a seguir.

Más tarde, o más pronto, finalizamos nuestro desarrollo personal -se terminan los deberes-, con la muerte, la marcha eterna. Que cumplamos o no con lo que tenemos asignado corre por cuenta nuestra, sin duda.

Venimos a desempeñar un trabajo, en función de lo que sepamos hacer o de lo que podamos. Ya por el hecho de estar vivos adquirimos un compromiso: cumplir con aquello para lo que se nos trajo, y que cuando embarquemos en el barco que nos trasladará a la otra orilla -donde la vida deja de ser vida-, lo hagamos con el alma tamizada por la tranquilidad.

Si no tuviéramos un lugar exacto en el que vivir y compartir, un tiempo para desarrollarnos, o un espacio para desplegar nuestra personalidad, no estaríamos aquí. Formaríamos parte de la inmensidad del Cosmos, perdidos entre una estrella o un haz luminoso celestial.

Y bien, para estar abrigados por este cuerpo, necesitamos de un envoltorio que nos proteja ante nuestro cometido. La tierra es un amplio escaparate por donde enfocarnos como personas, y para ello se nos muestran magníficos maniquíes con los que realizarnos: séanse las profesiones, las vocaciones. Así, a través de este escaparate de posibilidades, encauzaremos nuestros caminos.

Una Abogacía que legislará nuestro cuerdo juicio. Auscultando el corazón oiremos cómo sus latidos suenan al compás de la Medicina. La Filosofía pudiera ayudarnos a buscar el epicentro del ser humano y sus ramificaciones vitales. Quizá sea la Psicología, o Psiquiatría, la elegida para enderezar el rumbo de personas que han inclinado su balanza mental hacia la obstinación, la frustración o los miedos. A lo mejor facilitaremos la luz siendo un hombre de “luces”, como un electricista. Si a lo largo de nuestro proceso escolar tuvimos como ejemplo a un Maestro que supo plasmar una huella importante en nuestra memoria, optaremos por enseñar al que dice “saber menos”. Profesores que enseñarán la vida a través de materias como las matemáticas, en donde los números se presentan como cifras cálidas que facilitarán el optimo resultado en los cálculos; el humanismo, la historia, hablar del pasado para comprobar cómo es el presente y lo que se pueda manifestar en el futuro; el lenguaje y la estructura de las palabras. Y otras muchas opciones que facilitaránn métodos de educación.

Se ha dicho que el pan es un alimento básico, pero quien lo hornea, el panadero, nos permite paladear la vida a través de un bocado esencial y delicioso. Con un pedazo de este rico alimento el estómago calma la sensación de hambre.

La casa se nos hunde cuando hay en ella una avería. Nos percatamos de la importancia que tiene la figura del fontanero, del pintor, o del “chapuzas”, como vulgarmente se llama a quien socorre el hogar, y de otros muchos profesionales que permiten que nuestro ritmo de vida pueda continuar con cierta normalidad.

Hay alguien que nos trae, a través de unos papeles,  cientos de ilusiones, cartas esperadas, añoradas, que hablan de amor y de eterna amistad, de sorpresas o facturas que no se olvidan de nuestros compromisos económicos. Es el cartero.

Con cada una de estas funciones, el individuo sustenta su vida, gracias al esfuerzo, la ilusión o el deber, haciendo que la sociedad prospere. Somos una totalidad dentro de un mismo espacio; somos parte de un único equipo: los seres humanos, sin distinciones, o por lo menos es como debiera de ser.

 

Día a día aprendemos y nos formamos como personas. Escuchamos al profesor lo que nos enseña en las diferentes materias. Oímos al médico cuando  aplica, con su mejor hacer, un tratamiento que ayudará a paliar determinados trastornos físicos. Tanto el fontanero como el electricista solucionan las averías que proporcionan el buen mantenimiento de la casa. El psicólogo oye nuestras parcas palabras cuando somos incapaces de escucharnos a nosotros mismos, ahuyentando miedos y permitiéndonos recuperar una posible autoestima perdida. El papel del Voluntario en nuestra sociedad escribe renglones con la tinta del apoyo y del buen hacer.

Es decir, en la vida precisamos de soluciones que faciliten el bienestar a diferentes escalas: materiales, económicas, de salud o personales, y así, compartiendo nuestra preparación profesional, o vocacional, crecemos como personas y fomentamos un optimo desarrollo general.

Pero si la sociedad avanza con el esfuerzo unificado, si somos capaces de enfrentarnos a un mundo con bases firmes, y si frente a una carencia utilizamos medios o ayudas que mitigan los problemas,  cuál es la causa que nos lleva a cuestionarnos lo siguiente: ¿Por qué no podemos ser meritorios de una estimable felicidad? ¿De qué carece nuestro interior que nos hace buscar algo fuera de fronteras internas? ¿Dónde podemos encontrar lo que verdaderamente  necesitamos oír en situaciones puntuales? ¿Quién, o quiénes son las personas que nos pueden ayudar a encontrar el autentico sentir de la vida? ¿Quién nos enseña a profundizar en nuestro yo interno, llamando la atención a nuestra conciencia?…

La respuesta, aparte de sostenerla quienes nos enseñan con su magistral docencia: profesores, médicos, matemáticos, filósofos, abogados, etc, está también en quienes, sin pretender enseñarnos, muestran lo mejor de lo que es el aprendizaje vital en toda su extensión. Estas grandes personas, maestros de vida, permanecen calladas, absortas en su mutismo, en muchas ocasiones, luchando por salir adelante en un día a día teñido con tintes de cruel realidad.

Son grandes personas que sin hablar son capaces de comunicarnos lo que su sentir necesita expresar; que sin oír, por sus incapacitados oídos, escuchan con el alma; que sin  la necesidad de ver con los ojos, nos miran con la lente transparente de su intuición; que sin haber aprendido a pensar, sienten por los poros de su piel; que sin poder andar, no necesitan piernas para caminar rectos por los retorcidos caminos de la vida.

Estas grandes personas tienen un mundo interno sombreado por la intensidad de las frustraciones, de las barreras arquitectónicas que les impiden adaptarse a la vida “normal”, y de las limitaciones que no les permiten vivir acorde con el movimiento que prescribe la sociedad.

Estas grandes personas, por muy pequeñas que en ocasiones puedan parecer, o crean ser, nos transmiten, con su peculiar modo de vida, el mensaje de vivir con dignidad, a través de su mirada, de su sonrisa, de su esfuerzo diario y de su fuerza interna. Nos muestran, con su ejemplo de lucha y coraje, lo que verdaderamente merece la pena, lo esencial, el interior de cada uno de ellos. De igual manera saben mostrarnos cómo, acompañados de una determinada discapacidad, se puede ofrecer aquello que brilla con luz propia: su corazón, con una generosidad sin límites, con una necesidad de amar, sin saber quizá que su noble gesto servirá para acercar a quienes se encuentran aislados, o alejados, de sí mismos, perdidos en sus propias miserias humanas.

Estas grandes personas necesitan la mano de quienes estén dispuestos a brindarles su ayuda en sus espacios físicos o mentales. Estas grandes personas muestran lo mejor de ellos, sin esperar respuesta de quienes no saben corresponderles con igual generosidad. Lloran, sufren, ríen, sienten, y callan porque no pueden acceder a personas que pudiendo ver, están ciegos; que pudiendo hablar, no saben comunicar; que oyendo,  permanecen sordos,  y que caminando no avanzan. Con esa negación frente a sus audaces sentidos, estos otros sujetos no pueden  apreciar con sus ojos, sus oídos y sus mentes, las voces calladas  de estas grandes personas que gritan en silencio la necesidad de sentirse seres humanos no aislados de una sociedad, con iguales derechos dentro de un mundo en el que hay espacio para todos los que vivimos en él.

Son seres maravillosos que con un especial pasaporte emocional nos acercan a sus vidas, mostrándonos un Mundo Mágico, en donde las barreras personales no existen,  en donde poder ver lo que su imaginación pinta es posible, en donde hablar está permitido para quienes quieren escucharles, en donde poder oír su conciencia les engrandece, en donde caminan avanzando mano a mano con su tesón, en donde pensar convierte su razonamiento en verdad. Un lugar en donde sintiendo su vida pueden vivir.

Si conseguimos conectar con nuestro corazón, llenando nuestras manos de amor, nos acercaremos a estas grandes personas, quienes solicitan recibir lo que buenamente sepamos, o podamos, entregar.

Creo que la sociedad seguirá evolucionando si aportamos cada uno lo mejor de nosotros, porque, en definitiva, una vocación o una profesión no lo es todo, tan solo un eslabón más de una cadena en donde el amor forja sus principios básicos.

 

 

 

Pilar Cruz  González

(Terapeuta Ocupacional)

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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