La cara del miedo…


Si miras de frente a la cara del miedo podrás suavizar la dureza de tus temores. Ése miedo, que tanto asusta, arrebata la confianza de tus decisiones, e interfiere en las acciones venideras, en las que se posan en tu presente. La temida, e inevitable, sensación de cobardía, es un guante con el que acaricia el miedo a quienes lo experimentan de cerca.

El miedo es engañoso cuando impone su fuerza con la desagradable daga de la turbación. Puede tornarse cobarde al mirarle sin temor, con seguridad, consiguiendo así arrebatarle la intensidad de su poder. Quien tiene “miedo al miedo” se paraliza frente a él, evitando conseguir activar sus propósitos.

El miedo puede presentarse como sombra de la angustia. Lo que debiera vivirse como “normal”, es un auténtico calvario si nos persigue la sensación de miedo. Ganando su peculiar batalla, saliendo victoriosos de cualquiera de sus ruines ataques, lo convertiremos en un simple espejismo que se esfuma al aproximarnos a él…

Las circunstancias que lideran nuestro ritmo cotidiano nos confieren sensaciones de lo más variopintas: algunas de ellas las aceptaremos con el beneplácito que requieren, y otras las rechazaremos por no ajustarse a nuestra forma de ser. Lo “bueno” siempre es llevadero, nos gusta, nos proporciona equilibrio. Sin embargo “lo malo” suele acompañarse de temores, e incertidumbres que llaman a voces al miedo…Es la vida en sí, y lo que “quisiéramos controlar”, se nos escapa de las manos…

Desafiar al miedo asegura la aparición de triunfos vitales, con la tranquilidad de haber hecho lo oportuno. Nos otorga equilibrio en la necesidad de tomar decisiones, de continuar soñando, creyendo en cuanto ponemos en marcha. Mirar al miedo sin titubeos permite reforzar la creencia en nosotros mismos, y en todo aquello que gira en base a nuestro entorno. Esconderse bajo el manto del temor alterará nuestro carácter y achicará la valentía, dando pie a problemas que podrán ser cómplices de los estados “bajos” de ánimo. El optimismo y el miedo son eternos enemigos.

Las muecas del miedo son analizadas por la mirada interna de nuestros ojos con auténtico pavor. Se mira con temor, con la incertidumbre de cuál será el camino elegido para presentir llegar la angustia más absoluta.

Los problemas y las dificultades son los pilares que utiliza el miedo para sustentarse en nuestro proceder. Afrontarlos, como buenamente se pueda, confirma que el miedo no es fortaleza de nuestro destino, sino pasajero incómodo que toma asiento de primera en el tren de la vida.

Pocas veces reconocemos percibir miedo, sentir temor ante algo, o alguien. Cuando somos infantes nuestra sinceridad es grande frente al miedo, y cara a cara con él podemos expresar las sensaciones que genera en nuestro ingenuo interior. Al crecer, el miedo no se apiada de nuestra escurridiza inocencia y se hace fuerte, y lo hace acompañado de situaciones vitales en donde hemos de tomar las riendas con fuerza, determinación y valentía.

Pero, desgraciadamente, nos cuesta mirarlo a la cara, intuirlo, conocerlo. Nos asusta demasiado si va de la mano de una enfermedad, de una ausencia, si roza el bienestar de alguien a quien queremos con el alma…Generamos un miedo atroz que nos arrebata la armonía, el estado de bienestar que tanto necesitamos para vivir. Notamos, así, que el aire que respiramos achica el pulmón de la vida y sentimos asfixiarnos en un mundo cerrado para nosotros, en un espacio que alarga el tiempo de las dudas y de la incertidumbre en lo que “pueda pasar”…

Hablar sobre el miedo, aunque nos genere inquietud, logrará silenciarlo en sus manifestaciones. Quedarnos callados cuando lo sentimos cerca, aumentará nuestra infelicidad.

Elige tus recuerdos si has de olvidar la sensación negativa con las que los guardó el miedo. Lidera la vida con la libertad de la seguridad y la confianza…Y vislumbra el futuro sin el trazo obligado del temor.

Cuando la dama de la incertidumbre acecha, el hidalgo miedo cabalga a lomos del recelo…No espera a ser derrotado, y trota victorioso cuando la duda es quien le guía.



Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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