Nuestros miedos…

 

Muchos de los miedos con los que convivimos a diario carecen de sustento, no tienen apoyo en ningún pilar del entendimiento, aunque lo creamos sólido…No disponemos de argumentos lógicos para sostener ese tipo de miedo, quien, con furia, cae como losa aplastante sobre el cuerpo, y/o mente, produciéndonos males desagradables. Son miedos que necesitan de nuestra inquietud para hacerse vencedores frente a la existencia vital. Miedos proyectados en la incertidumbre del “no saber” nada acerca de ellos. Son claros espejismos que aterran a nuestra confianza, que la minan con sacudidas de pavor, provocándonos una lógica indefensión. Nos ganan con pleno en el objetivo de su jugada.

Verlos de frente, cara a cara, nos ayudará, quizás, a no estremecernos en exceso,  consiguiendo, así, retirar el antifaz de un embuste que nos perjudica demasiado.

Si es un «miedo real», que afecta intensamente a un sentir, intentemos alcanzar cierta tranquilidad para que no se aferre demasiado a nuestros espacios de vida…

Vivir sin miedo es alcanzar momentos de paz, necesarios para nuestra estabilidad emocional y nuestro bienestar…Pero…¡Es tan complicado alejarnos de un determinado miedo! ¿O no? Una vez más reitero nuestra calidad de “humanos”…Nos somos héroes en una vida que azota nuestro equilibrio continuamente, por mucho que saquemos la maravillosa capa de superman para evitar dichos “azotes”.

“¿Y qué, si tengo miedo? Sé que lo alejaré, si es que se deja…Vencemos nuestros miedos “pequeñitos” a diario…¡Somos “pequeños” dioses de las soluciones!”

Sé que es arduo complicado poner tierra de por medio ante aquello que nos asusta, y más en momentos por los que pasamos con la dichosa crisis multifocal (según enfoco los ojos a un lugar en concreto, veo una crisis segura: económica, personal, emocional, de amistad, familiar, de pareja, ¡existencial!)…

Pero podríamos arrinconar a ése miedo que nos persigue, en determinadas situaciones, para no poner candado a lo bueno que haya de venir…Un miedo asusta al porvenir cerrando la mirilla de nuestro presente. ¡No vemos nada en su compañía; se nubla cualquier visión!

Hay miedos que cumplen promesas…Hay otros que se evaporan…Unos que viven a diario en nuestra piel…

La intensidad del miedo estará en función de nuestra propia energía, de cómo ésta nos ayude a superarlo, a entenderlo…

Hay miedos involuntarios que susurran palabras que nos inquietan…Otros provocados…

Miedos reales avalados por nuestra percepción, por cada una de nuestras sensaciones…No por ello somos débiles…Más bien, al ser conscientes de ese estado, mostramos fortaleza frente a ese descontrolado temor…

«Me asusta la percepción del miedo…Terror al pánico cuando me invade la debilidad…»

Pensar en ello nos genera confusión…

El pensamiento es quien domina nuestra sensación de miedo frente a situaciones de lo cotidiano…

«Hoy hablé a la sensación de pánico que albergó en mi ser durante un periodo de fragilidad…Llegó a mi, sin yo buscarlo…No quería encontrarlo, no me gustaba mirarlo…Se posó en mi mente como raíz de mis temores…Pude arrancarlo y alejarlo de mi…Sentí ésa paz que un día perdí….»

 

Pilar Cruz Gonzalez

Sobre Pilo Cruz

No me gusta complicar lo que considero sencillo. Estoy en perpétuo estado de aprendizaje. Aún tengo muchos sueños por cumplir, y disfruto de los que ya soñé cuando anduve despierta. Aprendo cada día mirando a los ojos de quien me mira, escuchando palabras no habladas por mi, y sintiendo el sentir de los demás. Soy un aprendiz de la vida...

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